La procrastinación se refiere al hábito de postergar sin justificación valida actividades u obligaciones que tienen que ser atendidas. Seguramente más de una vez has sentido la necesidad de posponer algunas actividades incomodas, difíciles o aburridas y ya conoces el estrés y la sensación de derrota que conlleva procrastinar constantemente.

En una encuesta pasada a 1347 adultos de diversas nacionalidades, un cuarto de estos manifestaron una fuerte tendencia a aplazar tareas. Además, alrededor de un 32% de los estudiantes universitarios podrían tener graves problemas con la procrastinación, según el estudio de Patterns of Academic Procrastination.

Por otro lado, el psicólogo Piers Steel sostiene que esta tendencia va en contra del propio bienestar en un sentido amplio: contribuye a tener una peor salud y salarios más bajos. Además, puede conducir a actitudes compulsivas o muy intensas que sirven para evadir la responsabilidad principal.

¿Recuerdas cuándo fue la última vez que pospusiste algo? Sin darte cuenta, estas son las etapas que seguiste:

Primera etapa: Percibes ansiedad o incomodad frente a esa actividad que tienes que hacer.

Segunda etapa: Tu cerebro busca aliviar esa sensación con alguna otra tarea. Por eso, te vuelves muy productivo en otras actividades que no son prioridad en ese momento.

Tercera etapa: Tu cerebro almacena esa actividad que hay que hacer como dolorosa y busca más distracciones o alguna razón lógica que explique por qué la aplazaste. Aparecen en ese momento todas las excusas reconfortantes. Cuando vuelves a recordar esa tarea pendiente que procrastinaste en un inicio, te genera culpa o remordimiento y vuelves al punto de partida.

Procrastinar puede afectar tu autoestima y estado de ánimo. De no hacer algo al respecto, el habito de la procrastinación inunda otras partes importantes de nuestras vidas: evitar una conversación difícil solo prolonga el conflicto y posponer una decisión importante en la vida puede hacer que vivas insatisfecho de por vida.

¿Por qué procrastinamos?

  • Porque la actividad no es un habito y entra en conflicto con otros hábitos.
  • Porque queremos tener una recompensa instantánea.
  • Porque sobreestimamos nuestra productividad futura (creemos ciegamente que el momento perfecto será después, no ahora).
  • Porque nuestras expectativas de cómo será la actividad no parecen corresponderse con la realidad.
  • Porque tenemos miedo a fracasar.

Qué hacer para solucionarlo

Si no estás trabajando en esa tarea importante que planeaste hacer o que sabes que deberías hacer, entonces tienes que ¡Congelarte! No puedes hacer absolutamente nada más.

Parece que es una pérdida de tiempo, porque no estás haciendo absolutamente nada, pero en realidad es un entrenamiento para tu cerebro. De esta forma lograrás tener el control.

Cuando procrastinamos, en realidad no es que dejemos de trabajar en algo. Lo que realmente ocurre es que nos volvemos muy productivos en otras tareas que no son importantes en ese momento.

¿Y qué pasa si esto no funciona?

  1. Planea las actividades por adelantado. Marca una fecha concreta en la que esa actividad ha de estar hecha.
  2. Compagina esa actividad que no te gusta con otra que disfrutes. Si no es posible, piensa en una recompensa que obtendrás al llegar al objetivo que te marcaste.
  3. Establece pequeños compromisos. Crea una lista con pasos pequeños y específicos y comienza con el primer paso.
  4. Evita los elementos distractores. ¡Céntrate únicamente en lo que tienes que hacer!
  5. Hazlo lo primero del día. Cuanto antes empieces, antes acabas.

 

Psicología Impulso

CategoryPsicología
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