Para empezar -y casi debería significar un punto y final-, la cantidad de estudios de investigación detrás de las propiedades saludables del corazón del aceite de oliva es sustancialmente mayor que la que podemos encontrar para el aceite de coco. El aceite de oliva es uno de los principales componentes de la dieta mediterránea, y la mejor opción para usar como aceite de adición.

Expliquemos por qué y comparemos el efecto saludable de cada uno desde el punto de vista cardioprotector:

El aceite de oliva virgen tiene más grasas “grasas saludables”, grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas, que el aceite de coco virgen. Resumiendo, el aceite de oliva tiene hasta 10 veces la cantidad de estas grasas saludables que necesitamos consumir de forma diaria. Por ejemplo, 1 cucharada sopera de aceite de oliva contiene 11 gramos (g) de grasa monoinsaturada y 1 g de grasa poliinsaturada. En comparación, una cucharada sopera de aceite de coco contiene 0,1 g de grasa monoinsaturada y 0,25 g de grasa poliinsaturada.

El aceite de oliva virgen tiene mucha menos grasa saturada que el aceite de coco virgen. La llamada “grasa no saludable”, la grasa saturada, puede aumentar el“colesterol malo” (LDL) y aumentar el riesgo de desarrollar placas de ateroma y en definitiva aumentan el riesgo de enfermedad cardíaca.Por ejemplo, 1 cucharada sopera de aceite de oliva contiene 1 g de grasa saturada, mientras que 1 cucharada de aceite de coco contiene 13 g de grasa saturada. Esta comparación debe matizarse un poco. Las grasas saturadas de algunos productos a base de plantas no son tan perjudiciales como las grasas saturadas de productos basados en animales –como la manteca-. El ácido graso saturado más abundante en el aceite de coco es el ácido láurico, que si bien aumenta el “colesterol malo” (LDL), también lo hace con el “colesterol bueno” (HDL). Debido a que aumenta el colesterol bueno y malo, el riesgo de usar aceite de coco puede no ser tan significativo como consumir grasas saturadas provenientes de animales, pero sí es peor que usar aceite de oliva virgen.

Cuando explico a mis alumnos la diferencia entre la grasa saturada (recordemos, la “mala”), y la grasa insaturada (la “buena) suelo recurrir a uno de mis alimentos preferidos: el jamón serrano. Pensad en un cerdo en libertad, que come bellotas y puede pasear por la dehesa a placer. Ese cerdo dará un jamón exquisito, con una grasa que se deshace en la mano si la frotamos suavemente incluso en la boca. Ahora pensad en un cerdo de una granja, el cual come pienso y la máxima actividad que tiene es levantarse para volverse a tumbar. Este otro cerdo, dará un jamón menos sabroso, y su grasa tendrá una consistencia muy firme, casi tan dura como la carne. La diferencia entre esos dos cerdos es la actividad física que realizan (en otro post retomaremos la historia del cerdito desde aquí) y sobre todo su alimentación. Las bellotas y los frutos secos en general tienen una altísima cantidad de ácidos grasos insaturados, los cuales son fluidos a temperatura ambiente (cómo ocurre con el aceite de oliva) y pasarán a formar parte de la grasa del animal que los consume, dándole mayor fluidez y menor consistencia. Al contrario, los ácidos grasos saturados -como los que se pueden encontrar en los piensos-, son mucho menos fluidos a temperatura ambiente, y el animal que los come tendrá una grasa mucho más firme y menos jugosa y fluida.

La historia de los cerditos nos permite adivinar dos cosas. Una, bendito jamón de bellota. Y dos, si una grasa es compacta a temperatura ambiente, es mala señal (siempre hay excepciones como ocurre con el aguacate).

 La próxima vez que estéis en el supermercado, fijaos en la consistencia del aceite de coco y comparadla con la del aceite de oliva, de girasol, de cacahuete…

Para mí y para cualquier persona con conocimientos suficientes de nutrición, el aceite de oliva es la mejor opción para la salud. El aceite de coco puede tener muchos efectos beneficiosos a nivel dermatológico o para el pelo, pero de momento no tenemos evidencia de que sea beneficioso, más bien al contrario. Muchos estudios de investigación apoyan los beneficios a largo plazo del aceite de oliva, mientras que el aceite de coco ha demostrado cierta capacidad para combatir infecciones, pero nada más. Además, la cantidad de grasas poliinsaturadas y monoinsaturadas es claramente mayor en el aceite de oliva. Estas grasas tienen muchas propiedades saludables para el corazón, incluida la reducción de la inflamación, la mejora del colesterol, o la disminución del riesgo de enfermedad cardíaca.

Aun así, el aceite de coco tiene beneficios potenciales para la salud,  pero debemos esperar a que se realicen suficientes estudios científicos para poder entender cuál es el rol del aceite de coco en una alimentación saludable.

Desde el Servicio de Nutrición de Centro Impulso podemos ayudarte a escoger los mejores alimentos y establecer una dieta equilibrada a partir de ellos.

Dr. Javier Marhuenda

 

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