Revuelo enorme el que se ha montado en el nuevo sistema nutri-score de etiquetado de alimentos. No es para menos, ya que se ha popularizado sin apenas aportar información al consumidor. Intentemos entenderlo un poco antes de echarnos las manos a la cabeza con la famosa imagen “aceite de oliva VS Coca-ColaZero”.

Lo primero es entender cómo funciona nutri-score. El funcionamiento es relativamente sencillo, se basa en el uso de un algoritmo para calificar a los alimentos en función de si tienen nutrientes “buenos” para la salud (proteína, fibra, fruta y verduras) o “malos” (grasas saturadas, calorías, azúcares simples y sodio). Lo de buenos y malos entiendo que se establece en función de la prevalencia de las enfermedades relacionadas con la alimentación (actualmente el foco se centra en hipercolesterolemia, hipertensión, obesidad y diabetes tipo II) y la influencia que tienen los diferentes nutrientes en la ocurrencia de cada una.

Os comparto un texto que podemos encontrar en la revista “buena vida” con la que he colaborado en alguna ocasión: “Veamos el ejemplo de una crema de cacao y avellanas, un producto que se puede encontrar en muchas marcas, también blancas, con características nutricionales similares. Por un lado, declara 2.253 kilojulios por cada 100 gramos (6 puntos), 10,6 gramos de grasas saturadas (10 puntos), 56,3 gramos de azúcares (10) y 0,107 gramos de sal (0 puntos); en total, 26 puntos. Por el otro, están las frutas y verduras —se sabe que contiene nueces, pero no especifica el porcentaje por 100 gramos de alimento y muy probablemente no supere el 40%, de modo que la puntuación es 0—, las fibras (no se detalla) y las proteínas: 6,3 gramos (3 puntos). Al restar estos 3 puntos a los 26 obtenidos anteriormente, se obtiene que el producto suma 23 puntos: por encima de los 19, según el algoritmo, el envase debería destacar el color rojo (E) como se ve en la imagen”.
Hasta aquí muy bien, de hecho, considero muy necesario un tipo de identificador gráfico que ayude al consumidor y no se vea engañado por los reclamos comerciales (del tipo “sin grasa”, “sin azúcar”, “light”).

Pero no es oro todo lo que reluce. Si observamos la primera imagen, el aceite de oliva está etiquetado con una letra D (o sea, malo), mientras que la Coca-Cola Zero está etiquetada con una letra B (bueno). ¿Nuestro aceite de oliva, humillado? ¿En nuestra propia casa? ¡Qué osadía!

Esto ocurre por dos motivos. El primero es sencillo, la realidad intrínseca de cada alimento puede ir más allá de su contenido en grasas o en azúcar, me explico. El aceite de oliva es 100% grasa, y de esta grasa un 85% es grasa insaturada (la mejor que podemos tomar) y un ligero 15% es grasa saturada (nuestra archienemiga junto a las grasas trans). Esto ocasiona que, al no contener ninguno de los denominados nutrientes “buenos” para nutri-score (frutas, verduras, fibra ni proteínas), pero sí tiene ese 15% de grasas saturadas, la puntuación sea tan negativa y se sitúe junto a alimentos menos recomendados.

Pero… ¿Qué pasa con la Coca-Cola Zero? ¿Porque tiene buena puntuación? También tiene fácil explicación, porque no tiene NADA. Cuando digo que no tiene nada me refiero a que no contiene nutrientes (ni “buenos”, ni “malos”), por eso tiene una cantidad de 0.2 kcal por 100 ml. Si echamos un vistazo a la información nutricional de la Coca-Cola Zero, encontramos: agua carbonatada, colorante E-150d, edulcorantes E-952, E-950 y aspartamo, acidulante E-338, aromas naturales y corrector de acidez E-331. Nos encontramos, por tanto, frente a un producto elaborado únicamente con aditivos.

El segundo motivo por el cual el aceite de oliva sale tan mal parado es porque no podemos comparar dos productos de categorías diferentes. No es lo mismo una conserva de verduras, que una conserva de pescado. De la misma manera, no es lo mismo el aceite de oliva que un refresco carbonatado.

Aquí reside el problema. Los profesionales de la nutrición y las ciencias de la alimentación, podemos diferencias las diferentes categorías de alimentos sin que nadie nos las aclare, incluso si esas categorías no están claras. Pero el consumidor no tiene esa formación para saber valorar correctamente los diferentes grupos de alimentos y, por tanto, tampoco puede comprender de forma efectiva este nuevo sistema nutri-score.

Insisto, me parece una muy buena iniciativa, pero se deben pulir algunos aspectos para que su utilidad sea real.

PD: De momento, La Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición ya ha emitido este comunicado: “Este sistema de etiquetado frontal se implantará exclusivamente para alimentos con más de un ingrediente en su composición. Por tanto, productos como la miel, los huevos, el aceite, la leche, etcétera, no tendrán que aplicarlo”.

 

Dr. Javier Marhuenda

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